He mandado una paloma para que busque al azar entre mis sueños, tu aroma que me deje recordar.
Le he suplicado a la Tierra que me permita soñar que tu lazo es una estela y tu sonrisa mi hogar.
No he parado de rogar para saber donde anidas a las estrellas y al mar, para mirar tus pupilas y saber que no fue azar, que se unieron nuestras vidas un instante, para amar.
Llegó la capitana con tres bravos piratas surcando el ancho mundo sin miedo alguno a nada. Aunque era de juguete, su espada era afilada: Eran los más temidos por todas las fragatas.
Tres soldados guerreros, de la Invencible Armada, soltaron por su boca mil valientes bravatas, defendiendo su cofre repleto de hojalatas y un trapo de cocina, como bandera izada.
Se esconden seis princesas entre las cuatro patas bajo una enorme mesa de roble amurallada: Defienden sus muñecas, sus chuches y patatas.
Alientan con arrojo a su triple soldada, los bucaneros huyen cobardes como ratas, mientras la abuela corre tras ellos alocada.
Refugiando mis manos de cristal me hiciste con la fuerza del acero curando mi dolor de pedernal para izar de mis hombros el madero y borrar de mi vida lo infernal.
Tu sabes bien amigo verdadero, cómo nuestro reloj suena a final, cómo la vida huele a vertedero, cómo el alma se desangra en canal. Pero mostraremos al mundo entero que nuestro mismo destino fatal será luchar por lo único certero, que aunque tuvimos niñez de cristal nuestra sangre se forjó de acero uniendo nuestro principio y final.
Que mi hermano fue siempre sincero cargado de ilusión boreal, que conoció el puñal traicionero y también el amor desleal. Y será ese momento en que quiero regalarte mi mano leal para esconderte en mi burladero parando mi corazón tu mal. Porque serás mi hermano y te quiero, y no te soltaré hasta el final.
Labraré con paciencia los campos de tu vida sembrando con piedad las letras y la ciencia. Templaré la verdad que marque tu existencia forjando con valor tu fuerza contenida.
Brillarán tus pupilas del reflejo valiente de palabras sinceras, como flechas sin ira que persiguen certeras el rumor, la mentira. Romperás tus cadenas, renaciendo silente.
Mi pasión sembrará de razón tu simiente, crecerás orgulloso, como fruto que espiga aguardando su siega, mientras sueña su vida.
Cuando tu corazón se despida de frente, estrecharé tu mano, con la mía mendiga, como última lección contigo compartida.
Entre tintadas olas sobre papel mojado, en mi triste velero, navegué a la deriva, sin corazón, sin rumbo, sin mástiles ni quilla; En mi proa, la esfinge de mi puño cerrado.
Por el cielo vacío, el rencor me llevaba con las cartas marcadas por verdades erradas, sin más tripulación que mis necias miradas; Empujado por la ira, mi barco naufragaba.
Entre negros presagios el ardor me guiaba por rincones oscuros, por mil extraños puertos, y apostando mi vida perdí todos mis sueños; Así, sin darme cuenta, mi barco naufragaba.
El tornado furioso me envolvía y giraba, engañados mis ojos por sus luces y rizos, el dolor me alejaba, perdido y sin destino; No supe comprender que mi alma naufragaba.
Hundido sin remedio en la violenta Nada, perdido sin las manos que fueron siempre playa, en mi niebla su faro iluminaba mi alma: El calor de un volcán en la piel de mi amada.
Quizás al embarcar en semejante viaje no medí la distancia de mi orilla a tu boca. Quizás se muera naúfrago, conmigo, este mensaje; Pero quiero intentar nadar hacia tu roca aunque en tu corazón se estrelle mi oleaje.
Descubrí tu corazón de escaparate al sentir tu desnudez y mi vergüenza en el parque donde fuera yo estandarte cual monarca coronado de pobreza.
Me llenaba de silencio al contemplarte deleitado por tus formas, por tu ser, inventando una caricia y provocarte la sonrisa en unos labios de mujer.
Cada día me alzo en vuelo por besarte mientras vuela mi paloma junto a ti, y al posarse regresando sobre mí, me relata tus deseos de fugarte.
Para muchos eres sólo un maniquí sonriente y una dulce acompañante sin saber que tu tesoro vive y late, un cristal de corazón como el rubí.
Ni siquiera puede el frío en ese instante ayudarme a retratar palabras bellas que te cuenten como siento, con mis huellas y mi aliento, mi deseo de tomarte.
De tenerte confidente y aún amiga, convertida en mi mujer y yo tu amante, reviviendo junto a ti mi ajada vida y volver a ser contigo caminante.
Cada día con rubor y avergonzada ves mis manos tiritar siempre celosas al ser otras las que visten a mi amada mientras danzan por su cuerpo, mariposas.
El telón, verdugo acero de mis noches, corta al fin con tajo limpio tu mirada, y la luz de la farola es un reproche recordándome en mi sombra congelada,
Que yo vivo en tu cristal de escaparate en el centro de tu parque abandonado, como estatua que se muere a cada instante sin tu espejo, sin tu imagen, sin reflejo, cada día, sin poder siquiera amarte.
En el baúl, mis recuerdos, emociones y cantares, duermen un poco revueltos, esperando que les llame. En mis brazos, con afecto, los he guardado en mi nave, engarzando sus acentos para ser mi voz su llave. Compartieron mi secreto unas pocas amistades, mis familiares, mis versos, y las olas de mil mares.
Deseosos del tesoro los fantasmas del romance, al asalto y sin decoro quisieron robarme el aire, cercenaron los cerrojos mis espejos y cristales, entre risas y alborotos.
Solo encontraron vacío, pues mi tesoro me espera en un islote perdido. Mi única musa, sirena, es quien guía mi navío entre versos a su vera. No me quiere retenido sino libre como el mar. Y más allá del olvido regresaré al navegar con mi baúl conmovido, abierto sobre su arena. En su interior escondido mi corazón de galerna, bebe los vientos por ella por su amor sobrecogido.